En la Provincia, de todos modos, advierten que una rebrote de protesta social a fin de año puede estar asociada no sólo a una necesidad genuina. “La gente común no quiere quilombo”, resumen. Pero hablan de dos factores extra: la intencionalidad política, en la entrada de un año electoral, y grupos ligados al narcotráfico.

En el primer rubro, insisten con los dos municipios más del GBA más vinculados al kirchnerismo. “Tenés La Matanza, que es un refugio K, y tenés Moreno, que es un refugio K pero sin control”, describen cerca de la gobernadora.

Con La Matanza, a cargo de la intendenta Verónica Magario y el ex Fernando Espinoza, la pelea política es abierta. Con el Moreno de Walter Festa hay matices. El intendente depende de los fondos bonaerenses para subsistir, por lo que los cuestionamientos los deja para el ámbito privado. Pero, a diferencia de los matanceros, tiene un manejo del territorio acotado. “Hay ‘bandas’ vinculadas a distintas ramas del peronismo, como el ex intendente West, lo que convierte al distrito en un polvorín”, explican fuentes políticas locales.

Vidal cree que allí, a partir del accidente en el que murieron una vicedirectora y un auxiliar, se montó un operativo para desgastarla. “Quisieron mostrar que María Eugenia era insensible, que estaba lejos de la gente. Eso estuvo armado. No permitieron abrir escuelas, sumaron escraches”, describió una fuente de la gobernación.

También encienden otro alerta, casi como un auto elogio a su gestión. “No descartes rebrotes impulsados por los narcos. ¿No deben estar muy contentos con nosotros, no?”, se jactan en la Provincia.

Dentro del trío de promesas de campaña de Cambiemos, la lucha contra el narcotráfico es quizá la más reconocida por la opinión pública. La “unión de los argentinos” sigue claramente cruzada por la grieta. Y la pobreza está lejísimos de llegar a cero. Lo muestra la preocupación inmediata de Vidal, bastante más llana: que no falte comida.

Fuente: clarin